Hoy quiero hablar del dolor. Para empezar, aunque soy instructora de yoga, aprender todo lo que hay que saber tarda décadas y puede que la vida entera no alcance, así que todos somos principiantes, de una forma u otra. Pero de mi experiencia he sacado una conclusión: Hay dos clases de dolor relacionado con el yoga, el dolor bueno y el dolor menos bueno. El dolor bueno es el que siento en mis músculos que se han atrofiado durante años, cuando empiezan a despertar, es el de mi brazo izquierdo (duele más que el derecho), es el que siento detrás de mis rodillas cuando me estiro, debido a la falta de flexibilidad, y es el que siento en mis abdominales después de muchos high botes y low botes y en mis hombros después de mis primeros paros de cabeza. Ese dolor me dice que mi cuerpo está despertando, que debo esforzarme más, que debo aguantarlo porque es bueno.
El dolor menos bueno es el que siento cuando estoy haciendo mal un asana y estoy a punto de lesionarme, es el que me dice que me detenga, que me observe a mí misma y corrija. Es el que siento cuando le pido a mi cuerpo cosas que aún no puede hacer, por vanidad seguramente. Es el dolor que me recuerda que mi cuerpo no es igual al de los demás y que para mí puede ser muy difícil hacer lo que es fácil para otros, y eso está bien. No es un dolor malo, porque me protege de mí misma.
Hay que aprender a distinguir estos dos dolores y actuar en consecuencia. Como en la vida, no podemos evitar el dolor, ni siquiera es deseable hacerlo, porque es una forma en que el cuerpo nos habla.
El dolor es parte de la vida, tenemos que aprender de él.
Namasté

Comentarios
Publicar un comentario